31 de octubre de 2016

Anita lava la tina

El tiempo es un tema recurrente en mi blog, en mis pensamientos, en mis discusiones y en mis historias. La manipulación del tiempo, no con máquinzas o aparatos complejos, sino mediante su uso, es algo que me maravilla y me fascina.

Esa capacidad humana de perderse en el tiempo, dejándolo pasar como un río al que no se le puede detener, o al que detenemos en búsquedas inútiles de aquello que debe correr y es indetenible: el tiempo mismo.

Lo manipulamos a nuestro antojo: calendarios y relojes hay hace mucho tiempo, valga la redundancia. Nuestra forma de entenderlo es variable y podemos perderlo o ganarlo al mismo tiempo (si, haré uso de la palabra muy a tu pesar), controlarlo, en tanto controlamos a otros, o perderlo, en tanto que otros nos lo hacen perder.

Pero el tiempo no puede perderse, al menos no de la forma usual: en la que no sepas dónde está o a dónde se fue (sé que eso se usa mucho), ya que no es algo que pueda físicamete perderse; esa "pérdida" en realidad debe de entederse más como un desperdicio, un "mal" uso del tiempo del que se dispone, que siendo mal usado, pues está perdido, porque ya no se puede usar nuevamente.

Tampoco puede ganarse, aunque también se usa mucho esa idea; el tiempo es una magnitud física usada para medir la duración de los acontecimientos, nada más.

Pero podemos darle calidad: buen o mal tiempo (no referido al clima); podemos darle medida: largo o corto (normalmente esto depende del punto espacio-temporal de referencia; a veces un par de minutos es una eternidad y a veces un eternidad es apenas un par de minutos); podemos darle nombre: lunes, marzo; a eso me refiero con que lo manipulamos.

Hacemos con el tiempo lo que se nos antoja, en tanto que el tiempo nos lo permite.

Y no, que Anita lave la tina no tiene nada que ver con el texto. Eso es algo que hacía antes.

¿Antes de qué?

¿No es simplemente hermoso como el presente en el que lees, no puede ni jamás será el presente en el que escribí?

Esa es, según yo, la manipulación temporal más hermosa de todas.

La escritura.

22 de octubre de 2016

Papel higiénico

Necesito escribir para inspirarme, necesito inspirarme para escribir. Es un círculo vicioso, adicto a sí mismo, que no recibe nada de lo que quiere y que ahora, como adicto que es, está tirado sobre un colchón viejo que huele a orina, esperando que llegue alguien a patearlo para que se levante y salga de ese rincón asqueroso en el que se encuentra hace años, o que llegue alguien a darle pronto una dosis de escritura o una dosis de inspiración, cualquiera le sirve... después de todo, la adicción funciona así.

... pero algo de razón tiene ese círculo y lo entiendo: lo más fácil es esperar y, como seres humanos que somos, lo entendemos así: tenemos la maravillosa capacidad de acostumbrarnos a cualquier cosa; dado el suficiente tiempo, hasta lo más absurdo se vuelve completamente normal.

Supongo que esa es la mentalidad del adicto. Porque ni tú ni yo somos adictos.

¿O si?

¿Adicto a qué?

El círculo vicioso es adicto a lo que sea que lo complete, en el caso que planteo al principio, mi círculo es adicto a escribir y a la inspiración, pero no puede haber uno sin el otro, y eso completa al círculo (ahora entiendo porqué). Nosotros no somos así.
Primero porque no somos círculos, sin importar cuánto quieran convencernos de lo contrario ciertas publicidades y propagandas (porque, seamos honestos, en la publicidad hay más propaganda que publicidad) y segundo porque no somos viciosos, sin importar cuánto quieran convencernos de lo contrario ciertas publicidades y propagandas (mmm deja vu...)

Pero nos mentimos diariamente, por una razón u otra: Sí, te ves bien. Hoy será un buen día. Lo que haces es importante. Tienes que quedarte. No encontrarás nada mejor... y así una serie de mentiras que unos se creen mejor que otros, quizás ellos debiesen trabajar en publicidad y no la gente que lo hace, pero me estoy alejando del tema, cosa que me gusta, hace que el texto se vuelva dinámico y que te den ganas de irte por la tangente, que al parecer es más interesante...

Estoy hablando del engaño más grande, de ese del que se aprovechan para venderte, vendernos cosas: de la comodidad. Somos adictos a la comodidad, toda nuestra vida, todo lo que hemos conseguido como sociedad ha sido por comodidad. Nos esforzamos para no esforzarnos. Linda paradoja. Y lo sábes, porque has hecho cosas ridiculamente complejas, sin darte cuenta, en el intento de no hacer algo que era simple.


Podrías pararte a apagar la luz, pero prefieres buscar algo cerca tuyo que puedas arrojar al interruptor, y estás dipuesto/a a perder tiempo y energías en eso, sólo para no salir de la cama.

Creo que ese es el ejemplo más gráfico que tengo, aunque es posible que no sea una situación real para tí, espero que entiendas a lo que me refiero. El asunto entero es mucho más grave de lo que aparenta, cuando te das cuenta de que la situación se presenta en una escala mucho más grande que la simple necesidad de apagar la luz.

A eso voy con la mentira. Mentir es fácil y vivir la mentira es cómodo, porque arriesgarse es complicado, es incierto y... no tiene mucho sentido práctico "después de todo, aquí estoy bien y no sé cómo será el mundo más allá... mejor me quedo aquí"

Es el mito de la caverna otra vez.

Pero no es igual para todos.

Algunos saben que estan en la caverna y se quieren quedar ahí, otros no pueden... o no los dejan...

Es extraño que aprendamos a vivir así; aferrados a deciciones que, muchas veces, ni siquiera fueron tomadas por nosotros. Eso es horrible, es un problema tremendo... eso es estar estancado.

Pero, de nuevo, es tan fácil... es tan cómodo quedarse ahí, en el colchón que huele a orina, esperando que un agente externo llegue a darnos una mano, porque hemos aprendido, además, que la caridad es buena, que todos merecemos ayuda, y eso es cierto, pero nadie nos enseña a ayudarnos a nosotros mismos, a enfrentar nuestros probelmas, nuestros vicios, nuestros temores (por eso los libros de autoayuda son bestseller).

Tenemos que salir de la caverna, aunque ello signifique perderlo todo. Tenemos que levantarnos del coclhón, hay que salir a buscar la inspiración, hay que salir a buscar la vida, hay que dejar de lado la comodidad, pero no porque el mundo este allá afuera, como nos dicen los carteles motivacionesles o la publicidad que nos quiere hacer viajar... No, hay que salir para no quedarse pegado, tenemos que movernos hacia afuera de nosotros mismos... y no pasa por ser introvertido o extrovertido, no pasa por ser evanturero de libros o de montañas, se trata de ser felices...

No... no quiero escribir un texto motivacional, sólo quiero expresar y dejar claro mi punto de vista sobre un tema que pocos consideran: la comodiad es mala.

Tenemos que estar incómodos, porque así creamos cosas. Tenemos que sentirnos mal, porque así buscamos el sentirnos bien. Tenemos que tener problemas, porque eso nos obliga a buscar soluciones.

La comodidad mata al cuerpo, a la mente, al espíritu. Tener problemas nos enriquece como seres humanos o... en último caso, nos provee de interesantes historia para contar, una vez que resolvimos el problema.

Porque siempre será más entretenido e interesante decir "no había papel confort en el baño y tuve que ingeniarmelas" que no tener nada que decir.

El tema no se ha acabado por si acaso, el confort sí...